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Ella es la tormenta

“Al final del día, la pausa y un café,
a través de la ventana se puede ver
un espeso manto de nubes cubriendo el cielo,
el viento arrastra las últimas hojas,
dejando peladas ramas como dedos suplicantes,
culminación de brazos extendidos,
pidiendo al universo la tormenta perfecta.

El estallar del trueno le hace temblar las piernas,
levanta su mirada dejándola a merced del relámpago,
que cortando la oscuridad en dos,
queda grabado en sus pupilas,
nueva cicatriz, de un tiempo que es,
evocando viejas marcas de un tiempo ido,
marcas, queriendo renacer en heridas sangrantes,
avivando aquel doloroso fuego que creía olvidado.”

por Leonardo Riccieri ©

ellatormenta

Desánimo

“Era un día gris,
hice un alto en la ciudad,
entre el indiferente gentío
solo se podía sentir
soledad y hastío.

Los sonidos del silencio
y sus interminables ecos,
resonaban en mi mente,
convirtiéndose en trágicos
incesantes pensamientos.

Como golpes de látigo
rasgaban la carne,
abriendo viejas heridas
que de tanto sangrar
parecen que nunca
podrán cicatrizar…

Por un momento
perdí el rumbo,
el objeto de vivir,
todo era vacío,
fue cuando aferrado
a esa abandonada flor
me sentí otra vez, morir…”

por Leonardo Riccieri©

Desánimo-By-Caras-Ionut

Imágen: Composición surreal by Caras Ionut

Grito que se hace canto

«En la solemnidad de un grito
se encuentra el mayor silencio,
silencio ensordecedor que marca,
desenmascara rito.

Sordo grito desgarrador,
visceral expresión de ser,
como incisión pectoral,
deja corazón al descubierto,
Oh, sentimiento aterrador.

Grito que se hace canto,
melodía ancestral que eleva
y desemboca en llanto,
lágrimas de sangre tinta,
escriben mudas notas,
que convergen en canto
y se convierten en grito.»

por Leonardo Riccieri ©

El Grito,
cuadro por Eduard Munch (1893)

Oda a la niña que se creyó de piedra y se tiró al mar

«Niña cuántas tempestades fueron endureciendo tu cuerpo, solo para que el tiempo y sus humanas inclemencias lo pudieran volver a horadar?
Niña que esperas anclada a un desgarrador, silencioso grito emerger de las profundidades del océano social,
que nos inunda, nos circunda, ya casi…
no nos deja respirar.
Niña que preguntas buscando los porqué, los mismos, que quizás nunca te dirás.
Qué importa ya? Si aquello que marcó las grietas de tu petrificada piel, no es más que polvo esparcido por el viento y empujado al abismo universal.
Niña que sería de tu endurecido corazón, si en su centro ya no albergaras tanto amor?
Amor salvavidas insuflado en tu interior, vital alimento de tu alma eterna que empecinadamente se niega a que dejes de soñar.»

por Leonardo Riccieri ©

Navegando… me

«Atravesando la tormenta del hastío
surfeando​ encrespadas olas,
empapado en este limitado mar,
siendo marinero y capitán
con un no tan libre albedrío.

Tenaces nubes me persiguen
sin vacilar, tratando siempre
de asestar algún rayo mortal,
para impedir a mí destino arribar.

Testarudo niño fuí
jamás dejé de intentar,
ni con mi vara guiar a mi barco,
por el embravecido mar.

Y ahora, ya en calmas aguas
bajo un diáfano cielo azul,
siempre proa al horizonte,
todavía reconozco en mí
a aquel intrépido infante.»

por Leonardo Riccieri ©

Sombra interior

«Cuando las lágrimas
no son suficientes para sanar.
Cuando todo parezca perdido,
recuerda,
mas allá de las formas,
de tanta angustia corporal,
se puede proyectar
hacia afuera del cuerpo
la verdadera esencia,
convertirla en delineada sombra
y dejarla volar…»

Imagen en letras
por Leonardo Riccieri ©

Pensamiento de otoño

«Esta anocheciendo y llueve,
hace frío aquí en la ciudad,
no por eso las gotas dejan de brillar.

Mira al cielo, humedece tus ojos
hasta que finalmente,
la cortina de agua hayas de cruzar.

Sin apurar al tiempo,
de todos modos
nada ha de cambiar.

Tan solo disfruta la lluvia
y tal vez… a tus sueños
esta noche de otoño
puedas alcanzar…»

Otra imagen en letras
por Leonardo Riccieri ©

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