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La vida no es como las películas

«Cuántas veces he escuchado esas palabras. De cuántas personas distintas, e invariablemente solo pude contestar con una sonrisa. Pero siempre he quedado pensando. La mayoría de las veces, pude elaborar una respuesta, diferente, deacuerdo a lo vivido hasta ese momento supongo. Hace poco, la volví a escuchar y de una persona a la que me hubiera gustado decirle algo más. Pero solo fue, otra vez, una silenciosa sonrisa. No le pude decir que los que usan esa frase, en realidad, no saben nada de la vida. Si supieran, sabrían que cada mañana se visten con las ropas del personaje que les toca, ese que varía más que el mismísimo vestuario, y salen al escenario vital a recitar el guión aprendido. Solo de vez en cuando, unos pocos se atreven a improvisar algo y… casi siempre, por casi todos, son malinterpretados, hasta, se les teme, si, quienes tienen miedo que la película cambie, que no sea la misma del libreto original, el impuesto por la dirección. No importa si los que lo escribieron ya no están. Ni siquiera si el propósito inicial nunca se cumple. La ironía es que son pocos los actores que triunfan, que trascienden, y siempre son los que mejor improvisan…»

por Leonardo Riccieri ©
Fragmento de Reconociéndome ©

Paso a paso

«Un día a la vez, un paso por vez…
Vivo un día por vez, así es mi vida desde hace un tiempo, y es más ordenada, un día a la vez, no pensando en mañana, puede que no me levante, puede… No se sabe…
Ni siquiera pensando en después, dando el paso y a la vez disfrutándolo
no esperando el siguiente, toda la atención solo en ese paso,
y si acaso trastabillo, no me quejo, observo como queda atrás, no tengo que esperar mucho ya llega el siguiente paso,
que es esta vida? no es mas que un caminar por un camino inexistente que se crea en cada paso, y cuidado que hablo del camino elegido, no del señalado
Y como siempre digo, que mas da el destino si no he de disfrutar el camino…
Un día a la vez, un paso por vez…»

Fragmento de Reconociéndome ©
por Leonardo Riccieri ©

Porque escribo

“Escribo cuando las palabras claman por salir,
cuando las emociones llenan cada intersticio de mi ser,
cuando el sentir hecho carne,
no quiere convertirse en callosidad y pugna por libertad.

Escribo de lo que veo, y de lo que no,
desde mi, pero no siempre de mi,
escribo de la naturaleza, lo humano y lo animal,
de esa inexistente realidad que nos rodea y actuamos,
y de la ficción que nos toca, cuando nos toca.

Escribo del y al amor, que fue, és o será,
a ese amor ideal, del alma,
que por esquivo, parece imposible
y al cuál me niego a dejar de buscar.

Escribo al cielo, las nubes, el horizonte
y sobre todo al viento,
especialmente al viento,
mi mas fiel compañero.

Mis letras por fin sueltas, abandonan mi cuerpo
y vuelan recorriendo enormes llanuras verdes
surcadas por intrincados ríos,
a veces calmos, casi siempre… torrentosos.

Y mientras mis letras vuelan,
juegan a ser estrofas, versos,
a camuflar el sentido en vívidas metáforas,
o en singular metonimia.

Por eso escribo, para que en libertad,
jugando y volando, juntas, entrelazadas,
letras y palabras, vivencias y emociones,
vuelvan del viaje, y al volcar las al lienzo,
intentar construir poesía.”

por Leonardo Riccieri ©

El laberinto

«Yacemos en un laberinto celular infinito hasta que como un rayo de luz nos toca,
nos activa, otra célula, entonces fusionadas, la vida comienza a gestarse.
Es como despertar de un antiguo letargo, uno milenario, una espera casi eterna, donde la incertidumbre de ser encontrado nos signa. Creciendo en ese útero, centro laberíntico de una perfecta maquinaria orgánica, nos vamos formando, armando, preparando. Celosamente protegidos en nuestro capullo biológico, ya con forma y movimiento, nos revelamos al tierno encierro. Y allí comienza la puja, la pugna por salir, como si estuviéramos marcados con un ansia de absurda libertad. Como si realmente supiéramos que es y que hacer con ella. Paradójicamente salimos al exterior para darnos cuenta lo indefensos y dependientes que somos, con suerte, pasamos más de un cuarto de nuestra fútil existencia con nuestra progenie, aprendiendo a sobrevivir, dando otro paso dentro del laberinto, otra vez tratando de salir de ningún lugar. Un buen día, por uno u otro motivo, lo logramos, «salimos». O al menos, eso creemos. Es como la búsqueda eterna de una salida, la salida del laberinto. Ahora estamos frente a la elección del camino propio, no del marcado, no del señalado, del propio, somos libres para eso. Es supuestamente tan simple, solo elegir lo que se desea, lo que se quiera, porque somos libres, repito; acaso no nacemos libres?
Una nueva paradoja surge, la del deseo, que es? Cual es propio y cual ajeno? Tal vez, la parte más intrincada del laberinto.
Aún sin saberlo, sin plantear los nos abiertamente, nos pasamos el resto del camino debatiendo nos a favor y en contra de nuestros deseos. En esta parte del laberinto ya fuimos «encontrados» y nos «liberamos», ahora tratamos de encontrarnos a nosotros mismos, a ese camino y a nuestros deseos. Nunca paramos a mirar en que parte del laberinto estamos, nunca dejamos de avanzar, y logremos o no nuestros objetivos, siempre nos dirigimos, con demasiada prisa, hacia la única salida de este, paradójicamente, laberinto llamado vida.»

Fragmento de Reconociéndome ©
Por Leonardo Riccieri ©

El camino

El camino

«Esta imposibilidad maravillosa de ver un camino y no poder evitar lanzarme a él. Sentir que ya no importa en absoluto hacia dónde me lleve, que el destino es solo una anécdota. Recorrer el camino, sintiendo a cada paso, el aire, mirar el campo, el cielo e inevitablemente ser parte. Formar una sagrada comunión camino – hombre – máquina y dejarme llevar hacia el horizonte sin una meta conocida, con el corazón y el alma sintiéndose volar, siendo una unidad con el todo. Cuanta vida atravesándome, fluyendo dentro y fuera. Cuanta alegría de existir saboreando este instante, el instante supremo, el único en el que estamos vivos, el único que es, sin pasado porque se fue, ni futuro porque todavía no llegó. Para dejar el mundo mental, la eterna filosofía de vivir, para por fin hacer, ser y sentirme realmente vivo.»

Fragmento de Reconociéndome
Por Leonardo Riccieri ©

Imagen de una pintura
de Jamie Heiden

Amaneciendo

«Y amanecí sintiéndome tierra, con la frescura que me había dejado el rocío nocturno, esa suave, superficial humedad dispersa en miles de microscópicas gotas.
El sol se asomaba cansino, taciturno, irreal. Su débil calor, contrastaba con el frío de la noche, que aún se rehusaba a desaparecer, formando la niebla que se escondía entre los árboles.
De pronto, me endurecí y me sentí piedra. Una piedra más en el lecho del río, mirando el cielo a través del agua cristalina, y otra vez la frescura, era casi una caricia envolvente invitándome a dejarme llevar por la corriente.
Pero era muy dura, pesada, estaba demasiado inmóvil, entonces quise fluir y me sentí agua, río, ahora corría por el valle acariciando piedras y humedeciendo la tierra, siguiendo el cauce de otras aguas, aquellas que me habían precedido. Cauce, que indefectiblemente me llevaba al centro del valle, una planicie a nivel que detuvo mi andar, y otra vez inmóvil, me sentí lago, majestuoso espejo reflejando la vastedad celestial, solo perturbado por una delicada brisa…»

Fragmento de Reconociéndome
por Leonardo Riccieri ©
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La nube

«Como si el aire estallara desde dentro, plasmando caprichosas figuras blancas
en un marco cielo, azul, diáfano, que desde el horizonte se eleva exhibiendo su grandeza con majestuosa pompa. Le tocó nacer como un colosal contenedor de fuerzas contrapuestas, naturales, ajenas; originando en su centro, tal vez, la más insospechada tormenta, que azote la tierra, o la más esperada bendición, que en forma de lluvia bañará la siembra. Y aquí, en la quietud, sobre el final del angosto muelle, firme pasarela sobre el agua, agua que invita, fresca, brillante, a elevar la vista, humildemente, siendo sobrecogido por tanta belleza y poder, sabiéndome solo un insignificante punto medio entre la tierra y el cielo, observando, desplegando una propia, osada vanidad humana, que se atreve y compara.
Sintiendo como cuerpo y nube, nube y cuerpo, son tan similares, ambos contenedores de brutales fuerzas, siempre en pugna, predispuestas y dispuestas, tanto para la creación como la destrucción… sin poder evitar que una lágrima de impotencia se deslice de la mejilla al lago…»

Fragmento de Reconociéndome ©
De Leonardo Riccieri ©
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Como el río

Como el río

«Fluir supone movimiento, constante, incesante, con o sin dirección. Fluir como un río dicen los maestros espirituales.
Siempre fue el mejor ejemplo para mi. El río corriendo, surcando valles y montañas, abrazando rocas, haciéndolas girar hasta desgastarlas. Esquivando todos los obstáculos. Todos. En ese punto podía imaginar al río desviarse para sortear lo que parecía imposible, y seguir. Seguir hacia su destino… Cuantas veces en mis viajes he admirado los ríos y después de sobrecogerme con su belleza, invariablemente ha surgido la pregunta.
Pero el río sabe cuál es su destino? Su propósito?
Como la vida, como mi vida… en retrospectiva puedo ver con claridad el camino recorrido, y el cauce que ha dejado. Puedo ver que no es menos tortuoso que el de un río.
Nunca me preocupó el destino ni el propósito, por lo menos hasta promediar mi vida. Por lo menos hasta que la muerte me invitó a su lado, muerte que nos haces más vivos! Muerte que nos haces apreciar la vida! Algo viste, algo me faltaba, mi destino no estaba cerca y me dejaste volver. No quisiste revelarlo, solo me susurraste «deja de correr, comienza a fluir…» No lo comprendí entonces, no completamente, hizo falta más dolor, mucho más.
Fue recién ahí cuando el propósito cobró tal importancia, pero cuál era? Cuanto más buscaba, más se me negaba la respuesta, tal vez porque lo buscaba por las alturas.
«Lo esencial es invisible a los ojos, solo con el corazón se puede ver» cuántos nos maravillamos con estas palabras del poeta, y cuantos las ignoramos.
Porque es importante el propósito?
Porque hasta el agua necesita de una pendiente para fluir.»

Fragmento de Reconociéndome ©
por Leonardo Riccieri ©
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