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La pluma que una vez voló

“Pluma que vas dibujando letras,
enlazando palabras,
dándole forma a un sentir,
origen y consecuencia
de sutil trama.

Trama que a su vez cobra vida
creando interpretaciones,
generando sentires,
encendiendo corazones
e incentivando almas.

Palpitantes palabras,
con metáforas disonantes,
vas armando una melodía
que de la nada viene,
para quedarse y perdurar
como mágica poesía.”

por Leonardo Riccieri©

El laberinto

“Yacemos en un laberinto celular infinito hasta que como un rayo de luz nos toca,
nos activa, otra célula, entonces fusionadas, la vida comienza a gestarse.
Es como despertar de un antiguo letargo, uno milenario, una espera casi eterna, donde la incertidumbre de ser encontrado nos signa. Creciendo en ese útero, centro laberíntico de una perfecta maquinaria orgánica, nos vamos formando, armando, preparando. Celosamente protegidos en nuestro capullo biológico, ya con forma y movimiento, nos revelamos al tierno encierro. Y allí comienza la puja, la pugna por salir, como si estuviéramos marcados con un ansia de absurda libertad. Como si realmente supiéramos que es y que hacer con ella. Paradójicamente salimos al exterior para darnos cuenta lo indefensos y dependientes que somos, con suerte, pasamos más de un cuarto de nuestra fútil existencia con nuestra progenie, aprendiendo a sobrevivir, dando otro paso dentro del laberinto, otra vez tratando de salir de ningún lugar. Un buen día, por uno u otro motivo, lo logramos, “salimos”. O al menos, eso creemos. Es como la búsqueda eterna de una salida, la salida del laberinto. Ahora estamos frente a la elección del camino propio, no del marcado, no del señalado, del propio, somos libres para eso. Es supuestamente tan simple, solo elegir lo que se desea, lo que se quiera, porque somos libres, repito; acaso no nacemos libres?
Una nueva paradoja surge, la del deseo, que es? Cual es propio y cual ajeno? Tal vez, la parte más intrincada del laberinto.
Aún sin saberlo, sin plantear los nos abiertamente, nos pasamos el resto del camino debatiendo nos a favor y en contra de nuestros deseos. En esta parte del laberinto ya fuimos “encontrados” y nos “liberamos”, ahora tratamos de encontrarnos a nosotros mismos, a ese camino y a nuestros deseos. Nunca paramos a mirar en que parte del laberinto estamos, nunca dejamos de avanzar, y logremos o no nuestros objetivos, siempre nos dirigimos, con demasiada prisa, hacia la única salida de este, paradójicamente, laberinto llamado vida.”

Fragmento de Reconociéndome ©
Por Leonardo Riccieri ©

Atardeceres

“Atardecer que enciendes,
pintando de mil colores,
el aire, la tierra y el cielo,
traes una brisa de ensueño
que envuelve y cobija,
quien pudiera capturar
en un lienzo tan sutil belleza.

Al contemplarte sueño
con tu magia natural,
al admirarte vuelo
por tu espacio sin igual.

Atardecer que enciendes,
la melancolía de ser
insignificante testigo
de magnificencia tal,
inspirando letras y poesía
alimento de el alma inmortal.”

por Leonardo Riccieri ©

El viento dice

“El viento dice tantas cosas… de tantas formas.
Si es suave brisa,
te susurra dulces mudas palabras,
que como silenciosas caricias te elevan a las alturas del soñar.
Si es cálido viento de verano,
te abraza y envuelve llevándote siempre más allá, cuidando tu andar.
Si es viento de tormenta,
te enfría erizando tu piel hasta mojarla con gotas de lluvia,
que bajando del cielo encienden emociones,
de esas, de las guardadas para aflorar en los momentos más íntimos,
las que te unen en una sagrada comunión, con la naturaleza.
Nunca caminan bajo la lluvia?
Nunca disfrutan de la tormenta mientras la mayoría escapa?
Si no lo hacen, no dejen de hacerlo,
y cuando lo hagan, sientan el viento.
Y digan me, si después no se enamoran de él, perdidamente.
A mí me pasó, y desde entonces andamos juntos,
me acompaña donde quiera que voy.”

por Leonardo Riccieri ©


Imagen de @Strending_com

Mirando alrededor

“Hoy me tiembla el corazón,
tal vez sea de frio,
o de tanta inútil exposición,
tal vez sea de hastío.

Hoy me tiembla el corazón,
tal vez sea algún rencor,
no conozco la razón,
quizás es, de tanto desamor.

Hoy me tiembla el corazón,
cuantos humanos despojos,
rodeados por la inanición,
a la que todos cerramos los ojos.

Hoy me tiembla el corazón,
de ver tanta indiferencia,
ni siquiera por equivocación
consultamos nuestra conciencia.

Tal vez no me tiemble el corazón,
si lo entrego con cariño,
aunque sea por redención,
o tan solo… para darle
algo de amor, a un pobre niño.”

por Leonardo Riccieri ©

La vida como un poema

“Tal vez esta vida
sea tan solo un poema,
donde cada estrofa
va sacando un sentimiento
escondido y arraigado
en lo más recóndito de nuestro ser

Tal vez esta vida
sea tan solo un poema perfecto,
donde cada estrofa
se amalgame a la otra
con forma impecable
y la mejor rima al final.

Tal vez esta vida
tan solo sea un
perfecto poema inconcluso
donde cada estrofa
se ensamble a la otra al azar
esperando el día
del respiro final.”

por Leonardo Riccieri ©

Dejándome llevar

“Entre notas musicales,
voy flotando en armonía,
sintiendo en cada átomo
la vibración sagrada
de esta sinfonía.

Perfecta secuencia,
involuntario vaivén muscular,
acompaño la sentida creación
nota a nota, compás a compás,
con exacerbado sentido…
total emoción.

Cerrar los ojos y volar,
a través del pentagrama celestial,
me elevo, sobrepaso las nubes,
bailando sobre el horizonte,
hasta donde el sol se funde con el mar.”

por Leonardo Riccieri ©

Fotografía by Orel

Oda a la niña que se creyó de piedra y se tiró al mar

“Niña cuántas tempestades fueron endureciendo tu cuerpo, solo para que el tiempo y sus humanas inclemencias lo pudieran volver a horadar?
Niña que esperas anclada a un desgarrador, silencioso grito emerger de las profundidades del océano social,
que nos inunda, nos circunda, ya casi…
no nos deja respirar.
Niña que preguntas buscando los porqué, los mismos, que quizás nunca te dirás.
Qué importa ya? Si aquello que marcó las grietas de tu petrificada piel, no es más que polvo esparcido por el viento y empujado al abismo universal.
Niña que sería de tu endurecido corazón, si en su centro ya no albergaras tanto amor?
Amor salvavidas insuflado en tu interior, vital alimento de tu alma eterna que empecinadamente se niega a que dejes de soñar.”

por Leonardo Riccieri ©

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