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Cuando no hay nada, hay ser

“Qué serían las cosas y los seres si no hubiera mundo?
El horror de la existencia privada del mundo, el proceso mediante el cual lo que deja de ser sigue siendo, lo que se olvida tiene siempre cuentas pendientes con la memoria, lo que muere sólo encuentra la imposibilidad de morir, lo que quiere alcanzar el más allá siempre está más acá. Ese proceso es el día hecho fatalidad, la conciencia cuya luz ya no es la lucidez de la vigilia sino el estupor de la ausencia de sueño, es la existencia sin el ser…el hombre desaparece ante lo que sabe, a veces ante lo que quiere saber, hombre que aprende por cuenta de los hombres ha pasado del lado de los objetos, ora es agua, ora un guijarro, ora un árbol y, cuando observa, es por cuenta de las cosas; cuando describe, es la cosa misma que se describe…y es que el árbol conoce la debilidad de los hombres que sólo hablan de lo que saben
Así que estando terminado el mundo, acabada la historia, casi hecha humana, la naturaleza, la palabra pasa delante de la cosa y la cosa aprende a hablar.”

El viaje

El viaje

“Agua cayendo desde lo alto
borbotones color nieve,
corriendo de prisa,
siguiendo la cuesta
abriendo sendero – cicatriz,
con el puro impulso vital
para alimentar el manso río.

Agua viajera, de nuevo,
comenzando tu periplo
montaña, río, cielo.
Ciclo sin fin,
hacedor de vida,
tomas diversas formas
moldeando a tu antojo el paisaje,
vas recorriendo la tierra
bendiciendo a todo en tu viaje.”

por Leonardo Riccieri ©

El camino

El camino

“Esta imposibilidad maravillosa de ver un camino y no poder evitar lanzarme a él. Sentir que ya no importa en absoluto hacia dónde me lleve, que el destino es solo una anécdota. Recorrer el camino, sintiendo a cada paso, el aire, mirar el campo, el cielo e inevitablemente ser parte. Formar una sagrada comunión camino – hombre – máquina y dejarme llevar hacia el horizonte sin una meta conocida, con el corazón y el alma sintiéndose volar, siendo una unidad con el todo. Cuanta vida atravesándome, fluyendo dentro y fuera. Cuanta alegría de existir saboreando este instante, el instante supremo, el único en el que estamos vivos, el único que es, sin pasado porque se fue, ni futuro porque todavía no llegó. Para dejar el mundo mental, la eterna filosofía de vivir, para por fin hacer, ser y sentirme realmente vivo.”

Fragmento de Reconociéndome
Por Leonardo Riccieri ©

Imagen de una pintura
de Jamie Heiden

Llegando más allá

Llegando más allá

“Solitarios intentos por llegar
a aquella lejana meta,
a algunos hizo claudicar,
mas otros por perseverar
hasta el fin de sus días
hubieron de probar.

Tantas vidas desperdiciadas
para poder entender,
no solo era cuestión de volar,
para alcanzar el sol,
teníamos que aunar nuestras alas
y todos juntos volver a intentar…”

por Leonardo Riccieri ©

Fragmentos del sí mismo

Fragmentos del sí mismo

“Fragmentos sin forma
convertidos en objetos.
Objetos fragmentados
convertidos en formas.

Fragmentos faltantes
convertidos en
agujeros vacíos sin luz
que se convierten en oscuridad.

Elementos unidos,
convirtiéndose en imagen,
convertida en reflejo de si misma…”

por Leonardo Riccieri ©

Ansias de volar

Ansias de volar

“En una impuesta cárcel, por quienes sus alas querían admirar.
Por un tiempo dejó que su tristeza la hiciera claudicar,
reprimiendo su naturaleza y sus ansias de volar.
Hasta aquel día en que su cabeza por fin levantó,
mirando fijo al cielo, lágrimas en los ojos
y su corazón henchido de pasión,
con su pico libertario,
los barrotes de su prisión de alambre rompió.
Y es así como aprendió que:
La libertad no se espera, se alcanza.
Ya que nadie puede darte
lo que siempre en ti esta.”

por Leonardo Riccieri ©
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El árbol que engendró la luna

El árbol que engendró la luna

“Había una vez un árbol que seco de sediento, se sintió morir de inanición, entonces decidió abandonar la ladera y subir a la cima de la montaña, aquella cima anhelada por tantas decadas de inmovilidad.
Aferrándose con ramas y raíces subió sin descanso, pasó el día y por fin ya de noche pudo alcanzar su meta.
Alguien había llegado primero, un gran nido de paja fresca ocupaba la roca más alta, el árbol alzó la vista a las estrellas, y éstas le devolvieron una dulce mirada. El universo se estremeció, un imperceptible temblor, casi un escalofrío universal ocurrió, un espontáneo romance comenzó. Nadie sabe cuanto tiempo pasó, además cuando se está enamorado el tiempo no importa. El idilio fué de leyenda; leyenda que de galaxia en galaxia se repitió, la leyenda del amor que abrazando estrellas el cielo recorrió. Contaba que fué de una pureza tal, que en las entrañas del árbol un rayo de luz la luna gestó.
Y acunada en aquel nido, en la cumbre de la montaña creció, para subir a los cielos, dar la cara al sol y así convertirse en el espejo más grande que el hombre jamás conoció.”

por Leonardo Riccieri ©
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Fotografía de Sarolta Ban

Cascadas de luz

“Cascadas de luz se derraman,
mientras los enamorados deambulan,
danzando psicodélicamente,
amándose, amando la mágica noche.

La oscuridad abraza,
implícita complicidad ambiente
para un transitar soñado,
caminando hacia la luna.

Amantes sin tiempo
buscando lugar, espacio,
sin nada más que amar,
dar dándose en cuerpo y alma.”

por Leonardo Riccieri ©

Declaración

“En cuanto empiezo una relación, casi inmediatamente, me doy cuenta de ¡cuánto amo mi libertad!

Soy tan libre, pero tan enormemente libre, que puedo encantado de la vida amarrarme a tu cintura, sin el más mínimo temor de que eso robe mi independencia.

Estoy tan seguro de tenerme entre mis manos, que puedo ponerme entre las tuyas sin dudarlo un momento.

Me conozco tan bien que puedo el tiempo que mi corazón lo demande perderme en ti, sin jamás perderme a mi.

Soy tan, pero tan, pero tan dueño de mi, que no tengo el más mínimo problema en que me llames “TUYO”.

Soy tuyo, no lo dudes, soy tuyo sin miedos, soy tuyo sin dudas, soy tuyo porque aprendí a ser tan mío que puedo soltarme en ti. Yo decido tenerme entre tus brazos.

¡Amo mi libertad!”

Odin Dupeyron


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