Flor fugaz

Flor fugaz

“Atravesando el cielo,
surcando la vastedad del espacio,
iluminando, trazando camino,
dejando indeleble marca a su paso,
hasta apagarse y caer.

Designado ineludible destino
cumplido a pesar de…
Ya no importa,
todo lo que tuvo que ser fue.

Como una flor
que solo nace para crecer,
despertar admiración,
y con suerte dejar
grabado su aroma
antes de desaparecer.”

por Leonardo Riccieri ©
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Para ti poetisa

Para ti poetiza

“Y el universo era contigo,
miles de estrellas parecían estallar
como artificiales fuegos,
Iluminando ideas,
creando pensamientos,
convirtiendo en letras,
aquella mágica alquimia biológica
surgida de esa inesperada inspiración,
engendrada desde el alma,
esa recóndita región
alojada en tú cuerpo y
supuestamente dominada
por la mente,
pero irremediablemente
regida por el corazón.”

por Leonardo Riccieri ©
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Corazón de luna

Corazón de luna

“Un poco mas allá de lo evidente podremos ver la luna, solo hay que mirar allí, detrás del aparente impenetrable muro que nos separa. Mirar esa igualdad, sin sorpresa porque no es novedad, se la ignora y se protege porque duele. Basta con abrir los ojos, no hay mucho que buscar, ya que nadie construye muros sin puertas, al menos tiene que haber una para poder entrar. Y si se puede entrar también se puede salir, y al fin ver el cielo… del otro, tan distinto y tan igual, siempre con la luna en el centro, latiendo, soñando poder ser.”

por Leonardo Riccieri ©
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El sueño de la madera

“Si un trozo de madera descubre que es un violín, vestirá cuatro cuerdas, se enamorará de un arco, y juntos, vibración y resonancia alcanzarán las mágicas alturas de las notas musicales.”

por Leonardo Riccieri ©
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Lluvia de lágrimas

“Y en esa tarde en la que llovían lágrimas,
en la tenue luz de un oscurecer inminente. Cada uno sentía como se desgarraba el corazón, propio y del otro. Una mezcla de orgullo, rencor, ego y tristeza torturaban la mente y estremecían el alma.
Aún así, permanecieron inmóviles, al menos ella, solo atinaba a mirarlo mientras se alejaba bajo la lluvia, perdiéndose lentamente en la oscuridad…”

por Leonardo Riccieri ©

La agonía de un árbol

“Aquella maravillosa noche
observaba el firmamento extasiado,
tanto, que podía perderme en él.

Deseaba que el espectáculo
no terminara jamás,
de repente una estrella fugaz
cruzó los cielos directo hacia mí,
abri muy grande los ojos
cuando su fuego en mí pecho sentí.

De cara al cielo,
eternizando, aquel momento tan deseado
aquella maravillosa noche morí.”

por Leonardo Riccieri ©
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Amaneciendo

“Y amanecí sintiéndome tierra, con la frescura que me había dejado el rocío nocturno, esa suave, superficial humedad dispersa en miles de microscópicas gotas.
El sol se asomaba cansino, taciturno, irreal. Su débil calor, contrastaba con el frío de la noche, que aún se rehusaba a desaparecer, formando la niebla que se escondía entre los árboles.
De pronto, me endurecí y me sentí piedra. Una piedra más en el lecho del río, mirando el cielo a través del agua cristalina, y otra vez la frescura, era casi una caricia envolvente invitándome a dejarme llevar por la corriente.
Pero era muy dura, pesada, estaba demasiado inmóvil, entonces quise fluir y me sentí agua, río, ahora corría por el valle acariciando piedras y humedeciendo la tierra, siguiendo el cauce de otras aguas, aquellas que me habían precedido. Cauce, que indefectiblemente me llevaba al centro del valle, una planicie a nivel que detuvo mi andar, y otra vez inmóvil, me sentí lago, majestuoso espejo reflejando la vastedad celestial, solo perturbado por una delicada brisa…”

Fragmento de Reconociéndome
por Leonardo Riccieri ©
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Ella es

“Como la luz del sol
en la que se inspiran mis días,
como la quietud de la noche
en la que se recrean mis sueños,
el amor hecho cuerpo
en el que se regocija mi corazón y alma.
Ella es, mas que las letras…
ella es, el poema.”

por Leonardo Riccieri ©

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La pregunta

​”Y el errante pero estático bote, contempló aquel inmóvil y seco árbol, hasta que finalmente le preguntó: que haces aquí, en La soledad del páramo, parado y en silencio?
Y allí quedó, mientras se apagaban los colores y el paisaje se tornaba blanco y negro, esperando la respuesta, por el resto de la eternidad…”

por Leonardo Riccieri ©

Diana despertando a Apolo

“Diana paseaba en los alrededores del Olimpo, con su carruaje tirado por blancos pegados y su séquito de ángeles guardianes, protegiendo a aquella enorme luna llena que a pesar de su brillo, no alcazaba a opacar a la radiante diosa, en una noche donde las estrellas palidecían ante su belleza. Fue entonces cuando divisó al durmiente Apolo, apenas envuelto en su manto de seda, asido a su báculo, tan solo y soñando las profecías que más tarde serían pronunciadas en Delfos.
Al instante detuvo su andar, y los ángeles presurosos improvisaron una escalinata con nubes para que pudiera bajar. Con silenciosos pasos se acercó a concederle el más dulce despertar, mas no pudo más que admirar de cerca al hermoso dios, que lucía exultante y perfecto como una estatua esculpida en mármol blanco perfumado en azahar…”

por Leonardo Riccieri ©

Diana despertando a Apolo
pintura por Carl Bertling en 1875.